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lunes, 26 de diciembre de 2011

"9. Alexus" Restauración. (¡Sí, ya lo sé! ¡Por fin!)

Bien. Entonces Tristan no es tan mala persona y Christa tenía razón; él sólo tiene una vida difícil, eso es todo. Claro, eso no compensa el que haya sido un completo anti-social por los últimos seis meses, pero al menos ahora tiene una excusa. 
¿A quién trato de engañar? ¡Por supuesto que lo compensa! No puedo creer lo increíblemente egoísta que ha sonado eso. Quiero decir, el chico ha estado viviendo un infierno y yo todavía soy capaz de decir que eso no compensa seis miserables meses de silencio. Si yo estuviese en su lugar, probablemente ya habría caído en las drogas, y sería la persona más violenta del mundo... ¿Tristan estará en drogas? No es violento, pero es una opción, ¿no? Porque si lo está, quizás deberíamos volver al silencio. No "Trist" y definitivamente, no "Lex". ¿Qué hay con eso? ¿"Lex"? Lex es de hombre, ¿cierto? ¿Como Lex Luthor? ¿"Trist" es de mujer? 
Realmente, realmente, me arrepentí al momento en que eso salió de mis labios, aunque se sintió correcto; es sólo que no pensé que al darle un apodo, también le estaría dando permiso de ponerme uno a mí. 


Cuando vi a Tristan desaparecer de mi vista detrás de la puerta, decidí que rayaría en lo patético no apartarme de la mía, de inmediato. Y entonces noté que estaba sola de nuevo, que Tristan me había confiado su secreto más grande y que no podía decírselo a nadie. Ni siquiera a Christa, a quién le cuento todo, absolutamente todo. Todo menos que Tristan podría morir algún día a manos de su padre.
Rayos. Tristan podría morir algún día a manos de su padre. Las implicaciones de toda la situación son demasiadas. En cualquier país, en cualquier momento, la violencia doméstica y el alcoholismo suponen demasiado, tanto que el sólo pensar en ello me cortaba la respiración.
Necesitaba -urgentemente- sacarme a los Valley de la cabeza. Fue sólo una conversación, una explicación que el chico me debía. Eso no significaba que éramos amigos. Él seguiría siendo Tristan, y yo seguiría siendo Alexus, la chica de al lado, con el nombre raro. Genial. Como debía ser.
Pasé gran parte del día pensando en él, muy a mi pesar, esperando con ansias el momento en que olvidaría el secreto de los Valley. Sabía que lo recordaría después, algún día en la soledad, o cuando alguien mencionara la palabra "secreto", recordaría que yo tenía uno grande, uno peligroso, pero luego lo volvería a olvidar y todo estaría normal, de nuevo. No quiero decir que sea un secreto normal. Digo, esto era enorme y apestaba, pero sólo se había convertido en mi asunto-aunque, no realmente- por entrometida.
Me pregunté si el Sr. Valley me golpearía a mí también si llegara a descubrir que lo sabía todo, pero entonces sacudí mi cabeza con energía para apartar el más insensible de todos los pensamientos. La violencia doméstica es algo grave, mucho. En extremo.
Y eso era todo lo que ocuparía mi mente. Había oído tantos casos acerca de padres que maltrataban a sus hijos, al punto de matarlos y no quería eso para Tristan, ni para Danika, ni siquiera para el idiota de su hermano. 
Entonces, me lo pregunté. ¿Cuántas veces había visto a Tristan sonreír? Si es que ha sucedido alguna vez. Sonrió un par de veces cuando estaba conmigo, pero no creo que eso deba contar. Seguro que podrían contarse con los dedos de las manos. 
Caí en la cuenta, en ese momento, de que no sería fácil. ¿Y por qué habría de serlo? Después de todo, era mi culpa por meter mis narices en todas partes. Tristan no me llamó a su vida, yo me introduje en ella sola, así que no sería fácil vivir cada día con el constante martirio de saber algo tan grande y no poder hacer nada al respecto.
También me pregunté si Tristan necesitaba alguien con quién hablar, porque eso sí se lo podía dar, inclusos aunque yo fuese la última persona con la que él querría hablar.
¿Cómo es que, de pronto, en menos de tres minutos, mi vida de transformó en una encrucijada? ¿Qué se suponía que debía hacer o decir cuando lo viera? ¿Una mirada sería suficiente? ¿Me llamaría Lex o Alexus? ¿Me diría algo en lo absoluto? No era probable, dado que no lo había hecho antes de hoy; y si no lo había hecho antes de hoy, ¿por qué habría de hacerlo mañana? 
Me sentía lo suficientemente capaz de estar tan al borde de la demencia que podría golpear mi cabeza contra la pared, y estaba completamente segura de que no podría enfrentarme al  mundo entero en la mañana con todas esas interrogantes danzando, brincando y gritando como locas en mi cabeza.
Y cuando no pude soportarlo más,. salí de mi casa, como un tornado, dispuesta a resolver todo ahora, porque quizás, incluso soñaría con ello en la noche. Me tomó menos de treinta segundos alcanzar la casa de los Valley y golpear la puerta con violencia. De nuevo, fui recibida por el hermano de Tristan. Sólo cuando lo vi, noté cuán impaciente estaba por hablar con el chico que me había ayudado a poner mi vida de cabeza, porque gran parte de la responsabilidad era mía.
- ¿Dónde está? - pregunté, rogando que nadie conocido decidiera aparecer ahora mismo.
- ¿Quién? - preguntó él, luciendo ligeramente consternado.
- ¡Tristan!
- ¿No acabas de verlo?
¿Qué le importaba a él si acababa de verlo o no? Quizás quería verlo otra vez.
- ¿Estás contando? Bien, sí, pero necesito verlo otra vez.
- Está en su habitación - contestó, dando un paso hacia atrás, señalando una puerta en la parte superior de la casa.
- Gracias - dije, subiendo a toda prisa.
No sé por qué, pero esperaba que la puerta estuviese cerrada con llave, sin embargo no lo estaba y abrió casi con el primer roce de mis dedos en el pomo.
La primera visión clara que tuve fue de Tristan recostado en su cama con los ojos cerrados, audífonos puestos y las manos sobre su pecho con sus dedos tamborileando al ritmo de lo que sea que estaba escuchando. 
La segunda fue de Tristan con los ojos bien abiertos, confundido hasta la médula, observándome mientras se incorporaba. 
- ¿Qué diablos...? - empezó.
- ¿Qué pasará mañana? - lo corté.
- ¿Qué? - su voz subió casi una octava completa.
- ¿Vas a hablarme mañana? ¿Vas a hacer cualquier cosa remotamente fuera de lo normal? 
- Yo... - lucía seriamente confundido, tanto que sentí una punzada de culpa en el pecho. Podría haberlo matado de un infarto, o algo así - No...no lo sé... ¿Por qué...?
- ¡Pues, yo necesito saberlo! - espeté, cortándolo de nuevo.
Tristan, que ahora estaba de pie, dio instintivamente un paso hacia atrás. ¿Realmente estaba siendo tan maniática?
- No podré lidiar con una sorpresa mañana. Simplemente, no podré - confesé, tan de pronto que no estaba segura de quién se había sorprendido más, si Tristan o yo -. Necesito saber qué harás.
- Bien...nada. No tiene que cambiar ni una sola cosa. No haré nada. Sin sorpresas, lo prometo. Será como si jamás hubiese roto tu ventana - asentí -. Ahora, realmente creo que debes ir a casa y descansar un poco, Alexus.


Lo sensato estaba pintado en toda la escena: el no cambiar nada, el hecho de que debiera ir a casa, el "Alexus", todo era como debía ser, como siempre había sido. Y si así era, lo justo, lo normal, ¿por qué estaba teniendo una punzada de decepción, clavada en mi pecho del tamaño de un hacha? Si era lo normal, ¿por qué me molestaba tanto? 
Sin embargo dije:
- Bien. Gracias.
Y me fui de allí tan rápido como llegué.

viernes, 26 de agosto de 2011

¡No puedo creer que haga una entrada solo para esto!

En rojo: dejen el desespero, vale. jajajajajajajaja


Sus comentarios siempre me sacan sonrisas y me entusiasma muchísimo que la historia les esté gustando. 
Con respecto a la pregunta de Elisa: no sé. Bueno, quizás, si sé. Pero no quiere decir que les vaya a decir, porque los libros normales no lo dicen antes de que suceda-o no-. Sientan lo que yo siento jajajaja 


¡qué entrada más corta! Pero me gusta responder a las preguntas. 


El capítulo nueve, pronto. Primero, déjenme escribirlo. 






¡Bendiciones!






- Majo

Restauración. "8.- Tristan"

Era más allá de lo surrealista, de lo imaginable, el hecho de que yo estuviese en casa de Alexus, con ella, en la sala y llorando, mientras trataba de consolarme. Podría haberme imaginado cualquier cosa-incluyendo llorar delante de Dylan-, pero esto, jamás. Muchísimo menos a ella llamándome "Trist". Ni siquiera Danika me llamaba así. Pero no tenía fuerzas para discutir con ella al respecto. No tenía fuerzas para decirle nada. Supuse que las lágrimas hablaban por sí solas. Sin embargo, había una cosa que mi llanto no estaba diciendo, que no diría en ningún futuro cercano, tampoco, y que era la única cosa realmente importante.
- No puedes decírselo a nadie.
Me obligué a recuperar la compostura, porque, lo quisiera o no, era momento de hablar. Y, quizás lo peor de todo, tenía que hablar con Alexus.
Ella me miraba esperando. Por supuesto, era mi turno ahora. ¿Qué más podría decirme ella? La cuestión era que no sabía qué decir. Mejor dicho, no sabía por dónde empezar.
- Pregúntame, por favor-me sentí la persona más patética del mundo al estarle rogando a mi vecina, en su casa, después de haber llorando como niña.
Mi petición tomó a Alexus por sorpresa. Pareció estarlo pensando, pero finalmente habló.
- ¿Qué sucedió anoche?
Bueno, aquello era fácil.
Me levanté del sofá y me quité el suéter que traía, y la camisa polo que llevaba abajo. Sabía que era la cosa más inapropiada del mundo, pero era mucho mejor-más fácil- mostrarle, que explicarle.
Me volteé para que ella pudiera ver los moretones que tenía en la espalda. Los que más me dolían.
Alexus ahogó lo que habría sido un pequeño grito, cuando me vio.
- Esto es lo que pasó-le contesté, poniéndome la polo, el suéter y sentándome, de nuevo, a su lado.
Su rostro era inexpresivo, como si buscara algo, pero sus ojos estaban fijos en mí, y sus labios un poco separados.
Me encogí de hombros-diablos, me dolió-, y la miré, esperando.
- Traté de detenerte-dijo por fin.
- Sí, bueno... cuando tú tengas una hermana pequeña a quién proteger de esto, quizás entiendas por qué fui.
- ¿Lo hiciste por Danika?-eso sí que me sorprendió.
- ¿Cómo sabes su nombre? Comprendo que sepas el mío, es decir, vamos al mismo colegio, pero Dan tiene un nombre un poco difícil de recordar. Y no es como si hablaras con ella, desde el día que nos mudamos. En realidad, ni siquiera ese día hablaste con ella.
Alexus sonrió, avergonzada.
- Mi segundo nombre es Anika-dijo, riendo un poco, aún sin mirarme. No la culpaba. Yo también reí.
- ¿Alexus Anika? ¿En serio?-entonces, ella sí rió de verdad, asintiendo.
- Es solo una letra de diferencia. Por eso lo recuerdo-explicó encogiéndose de hombros.
- ¿Acaso tu madre se llama Lianna?-le pregunté, evocando las películas de Barbie que Danika tanto veía. Esas que me provocaban no querer ver T.V otra vez en mi vida.
Alexus rió mas fuerte.
- Muy gracioso. No. Se llama Elizabeth. Sé que mi nombre es algo de lo que estar avergonzada y lo estoy, a veces, créeme. Pero qué se hace. Así es la vida.
- Nah-dije, sonriéndole-. Yo creo que es bonito.
Y lo creía de verdad. Raro, pero bonito.
- En todo caso-continué-, sí. Lo hice por Dan. Prácticamente todo lo que hago es por ella.
Alexus parecía sorprendida. Me pregunté si era porque su nombre me parecía bonito o porque todo lo que hacía era por Danika.
- Eso...eso es realmente tierno y responsable de tu parte.
Sonreí.
- No es tierno. Es lo que se supone que debo hacer.
Alexus asintió y yo no podía evitar pensar que me entendía, aún cuando sabía que nuestras vidas no podrían ser más diferentes. Nosotros no nos parecíamos en lo más mínimo.
- ¿Dylan lo sabe?-sacudí la cabeza, negando-. ¿No es tu mejor amigo? Christa sabe todo sobre mí.
- ¿Christa es tu mejor amiga? No lo había notado-Alexus dejó escapar una risa, casi muda, y luego me golpeó con un cojín. Un segundo después, ya estaba seria, aunque seguía sonriendo. Debía aprender a hacer eso.
- ¿Acaso eres incapaz de ser serio?
¿Lo era?
- Dylan no lo sabe que se supone que nadie debe saberlo. La única razón por la que tú lo sabes es porque lo descubriste sola. Yo no te lo habría dicho por elección. Por eso, no debes decirle a nadie. Ni siquiera a Christa. ¿Contenta, ahora?
- No precisamente. ¿Cómo algo así podría ponerme contenta? ¿Qué pasa contigo?-volvió a golpear con el cojín.
Le sonreí, una vez más.
- Debería irme-dije, poniéndome en pie. Alexus asintió-. Pero esto ha sido...bien...no lo sé, es genial poder hablar.
Fuimos hasta la puerta, en silencio. Promesa cumplida. Quizás ya podría olvidarme de todo.
- Adiós, Trist-o quizás, no.
- Nos vemos, Lex.
Entonces, sonrió y cerró la puerta.

Sí, la llamé "Lex", porque supuse que si ella me había dado un apodo, yo podría hacer lo mismo. Además, "Lex" le lucía. Y no era "Lexy", lo que me mantenía fuera de problemas con la futura esposa de Dylan.
Y, sí, las cosas no habían ido exactamente como lo había planeado. No habían ido como lo planeado, en lo absoluto. Quiero decir, terminamos hablando del suceso, de todas formas y había roto la única regla verdadera de nuestra casa-sin mencionar que lo hice de la manera más inapropiada posible-. Si mi padre se entera, me echará, eso es seguro. Pero, por otra parte, hablar se había sentido bien. Y un poco de la carga que llevaba sobre mis hombros, se había ido, lo que era mucho más de lo que había esperando. Le estaba agradecido a Alexus por dame eso, aunque solo fue durante quince minutos. Por darme una persona con quién hablar, sin miedo a ser descubierto, sin caretas, sin actos. Pero ahora los quince minutos habían pasado, y yo estaba devuelta en mi casa, como ayer, como cada día antes de Alexus. Como cada día que había llevado mi carga.

Chris estaba en la sala, cuando llegué.
- ¡Oye!-gritó, acercándose a mí-. Llegaste de casa de tu novia.
- No es mi novia, Chris. Te lo dije cuando me dijiste que había venido, te lo dije antes de salir y te lo repito ahora.
Chris sonrió.
- ¿Entonces, puede ser mi novia?-No.
- Sólo si a tu novia no le molesta-dije, señalando a la sala, donde se encontraba Harpreet(lo sé)- ¡Hola, Harp!
- Hola, Tristan-contestó. Le guiñé un ojo y sonrió.
- Más respeto, por favor-dijo Chris, fingiendo estar indignado. Sí, fingiendo, porque eso de ninguna manera podía ser real. Me reí.
- No parece que te importe-tampoco a mí me importaba, la verdad, pero cuántas veces se me presentará la oportunidad de arruinarle la vida a mi hermano. Eso no sucede a menudo-. Voy a mi habitación-anuncié
Empecé a caminar lejos de ambos. No estaba precisamente de ánimos.
- Oye, Tristan, espera-me detuvo Chris-. Anoche...
- No tan malo como algunas veces, peor que otras tantas. No tiene importancia, ya.
- ¿Estás bien?
Me encogí de hombros. ¿Lo estaba?
- Supongo. Estoy vivo. Y esta vez no tuvimos que decir que me caí por las escaleras, así que...
- ¿Jamás me perdonarás por eso?
- Quizás lo haga. Quizás ya lo he hecho. No lo sé.
Y con eso me fui.
Nadie sabe lo que sucedió esa noche. Quizás cuando lo perdone, hable de ello.
En mi habitación, saqué la guitarra y me dispuse a tocar.
Era esa hora del  día en que quería olvidar.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Restauración. "7.- Alexus"

No pude dormir esa noche, recordando los gritos de la señora Valley, y también a Tristan, llorando, solo, escondido, pero luego valiente y responsable.
Estaba segura que mi expresión, ahora en mi habitación, era la misma que tenía cuando estaba con Tristan.


En el silencio de mi alcoba, oré a Dios por la familia Valley, por lo que acaba de ver y escuchar. 
"Mi padre está un poco borracho. No es nada" ¿"no es nada"? ¡Era muchas cosas! Era horrible, era espantoso, y era...era su secreto.
Era su secreto, que yo había descubierto y no podía hacer nada al respecto. 


Tristan me había prometido que hablaríamos, y ahora que lo pienso, no sé por qué se lo pedí, no sé por qué estaba tratando de que no fuera.
Estaba tan preocupada por él, con la ventana rota a mi lado y la flecha sobre la mesita de noche, enrollada en mi cama. Ya no quería asesinar a Tristan, todo lo contrario. Quería saber que estaba bien. Quería saber que todos estaban bien.


Después de mucho pensar, me quedé dormida. Tuve pesadillas con la noche anterior y supe que debía encontrar a Tristan sí o sí. Pero no fue a la escuela.
No es que en realidad pensara que iba a aparecerse, pero sí esperaba verlo para no tener que ir hasta su casa.


Sabía que estaba distraída-Quiero decir, ¿quién en mi situación no lo estaría?-, lo que no sabía es que cuando estás distraído los demás lo notan primero que tú.
¡Alexus!-exclamó Bella, durante el descanso entre clases-. ¿Qué es lo que te pasa hoy?
- Nada. Solo no pude dormir bien anoche-contesté, con los ojos fijos en el jugo que me estaba tomando.
Y ahí es cuando salta la persona a que más se preocupa por mí, después de mi madre.
- ¿En serio? ¿Por qué?-preguntó Christa.
- Pues... Tristan atravesó mi ventana a las dos de la mañana con una flecha. Fui a asesinarlo y después de eso, no pude dormir.
- Oh, Lexy, seguro no lo hizo a propósito-Christa rió un poco.
- Si, Val no lo haría-concordó Farrah, comiendo de su ensalada.
- Sé que no lo hizo a propósito-contesté y eso pareció detener el curso de las vidas de todas. 
- ¿Qué?-inquirieron las tres.
Me obligué a mirarlas, a pesar de que no tenía nada de ganas de hacerlo.
- Vamos, chicas. Sé que no soy la fan número uno de él, pero tampoco voy a culpar al chico de todo lo malo que me pasa, ¿no?
- Cierto-dijo Bella, asintiendo-. La cuestión es que esto sí fue culpa suya.
Farrah rió un poco y yo regresé la mirada a mi jugo.
- ¡Basta, chicas!-Gracias, Christa-. Está madurando.
Claro, madurando. No tenía nada que ver con el hecho de que fui testigo de un caso de violencia doméstica y estaba totalmente traumatizada. 
Quería irme. Quería irme a casa y hablar con Tristan sobre este asunto, aunque quizás eso era lo último que él querría, pero lo había prometido. 
- Tranquilas, me encargaré de él al llegar a casa-dije, un poco en broma, un poco en serio.
- ¡Uh! ¿Puedo ir?-preguntó Farrah, con ese brillo, de nuevo, en los ojos.
- No, lo siento.
- No harás nada. Lo sé-acusó ella, en venganza a mi negativa.
Me encogí de hombros sin decir nada, me levanté y caminé lejos de ellas.


Gracias a Dios, las preguntas cesaron y yo pude sobrevivir el día en silencio, incluso en el auto de Bella, cuando me llevaba a casa de primera.
- Gracias, Bells-ella me sonrió-. Adiós, chicas.
En lugar de ir a mi casa directamente, caminé con vacilación hacia la casa de los Valley, cuando las chicas ya no estaban a la vista. Toqué la puerta con tantos nervios que me dio vergüenza. Esperé unos minutos, y después apareció frente a mí el hermano mayor de Tristan.
- Hola... ummm... ¿Está Tristan?-no podía creer que fuese tan difícil.
- Depende. ¿Quién eres? ¿Su novia?
- No..., de la escuela, veo una clase con él... y vivo al lado.
- Ah. Déjame ver si quiere verte. ¿Cómo es que te llamas?
Idiota. Idiota.
- Alexus-contesté, secamente.
¿"déjame ver si quiere verte"?
- ¡Espera!-el muchacho, cuyo nombre no recordaba, se detuvo en seco y se volvió para mirarme-. Solo dile que vaya a mi casa, cuando se desocupe. Y recuérdale que prometió que hablaríamos. 
- Prometió que hablarían. La chica de al lado, con nombre raro. Lo tengo. 
- Gracias-idiota.


En casa, mamá había puesto a Tyler a dormir y estaba calentándome el almuerzo.
- ¿Alexus?-llamó desde la cocina. Fui hasta ella y me senté cerca de la ventana, a su lado-. Cariño, ¿Qué hacías en casa de los vecinos?
- Sólo necesitaba hablar con Tristan. Pero creo que está ocupado o algo así.
- ¿Qué tienes que hablar con...?
- Tristan.
Claramente, mi madre no sabía su nombre. No la culpo. Quizás era la segunda vez que lo escuchaba en su vida-siendo la primera, cuando se mudaron, claro-. Me sentía un poco avergonzada. Sólo ayer estaba rehusándome a pedirles condimento y hoy estaba buscando a su hijo. Entendía al 100% la confusión de mi madre. Yo misma estaba confundida. Aún no acababa de comprender por qué había ido a buscarlo, en primer lugar.
- Lo que pasa es que no fue a clases hoy-contesté.
- ¿Ves alguna clase con él?-bueno, tenía derecho a preguntar.
- Sí, un par.
- Ah...
Le sonreí.

Esa era la razón por la que necesitaba hablar con Tristan y hacerlo pronto. Yo no tenía idea de qué hacer con la información. Si podía decirlo o no, si debía tratar de olvidarlo o qué rayos se suponía que debía hacer.
- Dile que le envió saludos-dijo mi madre finalmente, saliendo de la cocina.
Ella y Tyler se fueron un poco después y nunca estuve tan nerviosa de quedarme sola en casa.
Traté de seguir la rutina del día anterior, pero fui incapaz de apartarme de la sala. 
Después de esperar alrededor de dos horas y cuando finalmente me estaba a punto de dormirme, llamaron al timbre de la casa. Di, literalmente un salto fuera del sofá y corrí hasta la puerta. Me detuve en seco, inhalando profundamente y exhalando antes de abrir. 
Un molesto Tristan apareció ante mí.
- Hola-dije, con un nudo en la garganta, de lo nerviosa que estaba-. Pasa. 
Tristan me miró durante un segundo, mientras me apartaba para dejarlo pasar. 
Cerré la puerta detrás de él y lo conduje a la sala.
- Siéntate, por favor-le dije, entonces.
Estaba tan nerviosa que no cabía en mi misma. No sabía cómo la voz me salía tan natural si dentro me estaba consumiendo. Ya no estaba tan segura de querer hablar con él. Quizás debía sólo decirle que yo olvidaría todo y cada quién podía seguir con su vida, normal, como si nada. 
- Escucha, Alexus. Cuando venía noté tu ventana y el agujero masivo que le hice. Discúlpame, voy a pagarlo.
- Olvida la ventana-me encontré diciendo-. No me interesa la ventana.
- Pues, creo que eso es lo único de que tenemos que hablar-replicó.
No. No era lo único de que teníamos que hablar. ¿Qué le pasaba?
De pronto, el nerviosismo se transformó en rabia y ya no pude parar.
- Escucha, anoche estaba tan molesta que estaba segura, de que si lanzaba la flecha desde la ventana de mi habitación, la clavaría en el centro de tu frente, sin problemas. Fue entonces cuando te vi. 
- Cuando me viste...-repitió.
- Sí, cuando te vi, sólo, escondido, llorando, y tuve que ir.
- No tenías que ir.
- Sí, tenía que ir. No puedes hacerme creer que lo vi y lo que escuché, no sucedió. Y considerando que traes un suéter, me atrevo a decir que tienes morenotes en los brazos.
- ¡Escúchame, tú no puedes llegar y decirme todas estas cosas, tú no sabes nada!
- Sé lo que presencié anoche, y no tiene que ser así.
Tristan me miró durante un segundo, de una forma dura, pero sabía que estaba dolido. No por lo que yo le estaba diciendo, pues eso era un pastel del cumpleaños en comparación con toda su vida, sino porque le estaba recordando todo lo demás, todo lo que había vivido anoche, y probablemente días anteriores. Había dado en la llaga.                                         
Tristan se llevó las manos al rostro, como si estuviese avergonzado. Y eso fue lo que pensé: que sentía vergüenza de quién era y de su familia. De su padre. Pero al momento, entendí, por su forma de respirar, que no estaba avergonzado en lo absoluto. Tristan estaba llorando, y lo estaba haciendo frente a mí. 
Tristan se llevó una mano del rostro, al cabello y la otra, la dejó caer sobre su rodilla. Lucía especialmente tierno, vulnerable, y sentí una urgencia por cuidar de él. 
- Trist...-esa fue la primera vez que lo llamé así, pero no la última.
Coloqué una mano en su espalda, para consolarlo y Tristan siguió llorando.

domingo, 21 de agosto de 2011

Restauración. "6.- Tristan"

Cuando escuché el portazo que dio mi padre al llegar, me levanté de mi cama, busqué a Danika, la llevé hasta mi habitación y cerré la puerta con llave.
- Dan-susurré a mi hermana, que estaba medio dormida-. Dan, dormirás conmigo esta noche, ¿de acuerdo?
Danika asintió.
- ¿Qué sucede?-preguntó, con esa dulce vocecita suya que me partía el corazón en mil pedazos. Si alguien no merecía pasar por esto, era mi hermana.
- Nada-besé su frente-. Es solo que tengo miedo y quiero que me cuides, ¿lo harías?
Ella asintió y me abrazó. Papá ya había empezado a gritar. Tomé el Ipod que guardaba en mi habitación para ella y se lo dí.
- Póntelo, Dan-me hizo caso. Aún no lo había encendido, por lo que sabía que estaba escuchándome-. Ven, acuéstate.
La llevé hasta la cama, encendí el Ipod y cayó rendida inmediatamente.
Busqué, tan rápido como fui capaz, toallas y las coloqué en la rendija de la puerta para ahogar un poco el ruido. Haría cualquier cosa por esa niña dormida en mi cama. Cualquier cosa. Y esa precisamente por eso que debía dejarla sola, encerrada.
Mi padre no llegaría a la parte superior de nuestra casa, si podía evitarlo.
Tomé mi arco, mis flechas y salí por la ventana, con sumo cuidado de no hacer demasiado ruido, o de lo contrario, todo estaría arruinado. Debía merecerme, pero merecerme de verdad lo que me venía después.
Abajo, ajusté el arco para practicar un poco mientras esperaba. La primera flecha se me escapó y fue a parar a la casa de los vecinos, rompiendo el vidrio de la habitación de Alexus. Me pregunté si las cosas podían ir peor, pero realmente no me importaba. Lidiaría con Alexus en la mañana.
Desde nuestro patio, podía escuchar a mi madre rogándole a mi padre que no la golpeara y a continuación un grito agudo. Y estaba vencido. 
Dejé caer el arco, las flechas, y luego a mí mismo, en medio de la oscuridad y la crisis en mi casa. 
Las lágrimas empezaron a brotar, pero ¡Qué diablos! Si alguien merecía llorar, era yo. Estaba solo, Danika estaba a salvo. No tenía que ser fuerte por nadie más que por mi mismo y no se me antojaba. ¡No se me antojaba ser fuerte! Si mi padre me echaba de la casa por llorar, bien. Si me mataba a golpes por llorar, perfecto. Pero esto, este momento, era mío. Este momento no me lo podían quitar.
- ¿Tristan?-su voz era casi inaudible y llegó desde atrás, pero sabía perfectamente quién era.
Me levanté, sequé mis lágrimas y la tomé por los hombros, apartándole de donde podía ser vista. El rostro de Alexus era un signo de interrogación, y temor, mezclados.
- Vete-susurré, mirándola suplicante.
- ¿Qué está sucediendo...?
- Vete-la corté-. Vete, por favor.
Debí saber que ella saldría a asesinarme por su vidrio en cualquier momento, pero este momento no era el apropiado. En este momento, ella debía irse.
- ¡No!-exclamó en un susurro.
Esta chica... ¿Cuál era su problema?
- Alexus-dije, mirándola tan duramente como fui capaz. Tanto, que incluso me dolió-. Vete, ahora.
Faltaba poco para que mi padre empezara a gritar mi nombre y yo estaba convenciendo a la chica de al lado para que se largara.
- Mi papá solo está un poco borracho. No es nada, de verdad. Vete-traté de nuevo, siendo amable, ya que la dureza no funcionó.
Pero sus ojos seguían clavados en mi, y no se movía.
- ¡Por lo que más quieras, Alexus, vete!-la sacudí por los hombros.
Y ahí estaba mi nombre, con rabia y asco, como siempre. 
Le di la espalda y empecé a caminar hacia la entrada.
Ella me tomó por el brazo, deteniéndome.
- ¿Qué haces?-preguntó con esa misma expresión de confusión y miedo, de antes.
- ¿Qué crees que hago?-dije, liberándome-. Me está llamando-y ahí estaba la voz de mi padre, gritando mi nombre una vez más-. Vete, Alexus, por favor. Ve a casa. Hablaremos mañana.
Volvió a tomarme del brazo.
- ¿Lo prometes?-¡por todos los cielos!
- Sí, lo prometo. Ahora, vete.
Alexus me dejó libre, luego corrió hasta su casa y yo hasta la mía.


Papá estaba a mitad de la escalera cuando entré. Sabía lo que venía ahora, lo había sabido desde el momento en que bajé por la ventana. Pero había llegado a tiempo para ser el hijo en el que descargaba toda su furia y eso era lo importante.
Mi padre me vio y se acercó.
Contuve la respiración mientras esperaba la primera oleada de dolor.


Mis padres ya estaban dormidos. Era mi turno, ahora.
Subí las escaleras con cuidado, hasta mi habitación. Busqué la llave en mi bolsillo, sorprendiéndome al encontrarla, de que no se hubiese caído, y abrí.
Mis ojos se encontraron con los de mi pequeña hermana, que estaba de pie frente a la cama, con los ojos fijos en la puerta y lágrimas corriendo por sus mejillas. Sabía que había estado gritando, pero para eso era la toalla, para que mi padre no pudiera escucharla. 
Entré, cerré la puerta y me agaché allí mismo, entendiendo que mi hermana necesitaba moverse.
- Ven aquí, hermosa-le dije.
Danika corrió hacia mí, me echó los brazos al cuello, me abrazó con fuerza y lloró. La abracé igualmente, y, aunque dolió un poco, no me arrepentí de haberla dejado encerrada y de haber tomado como propio, cada golpe que mi padre le habría dado, de haber llegado hasta ella, porque los abrazos y los besos de mi hermana hacían que valiera la pena.
Cargué a Danika hasta mi cama y me acosté a su lado, dejando que me abrazara como si fuese uno de sus peluches.
- ¿Oye, Dan?-ella se movió un poco, donde estaba-. Gracias por cuidarme esta noche. 

sábado, 20 de agosto de 2011

Restauración. "5.- Alexus"

Durante el resto del día, Christa siguió hablando de lo amables que eran Tristan y Dylan. Sé que Dylan es amable y quizás un poco loco, aunque para nada callado, como ella cree. A mí me pareció un poco tímido en su presencia, que otra cosa. En cuanto a Tristan, ya estaba cansada y no quería escuchar ni una palabra más sobre él, o lo amable que era. Estaba harta. Hasta de escuchar hablar de él y harta de tener que evitar que Farrah y Bella nos escucharan-o, en realidad, que escucharan a Christa, quién era la que hablaba, yo sólo decía "shhhh"-. Y estaba agradecida de haber acabado con ello ya, poder recostarme un rato y pasar tiempo con mi persona favorita en todo el mundo.
- ¿Alexus?-preguntó mamá, desde la sala-. ¿Eres tú, hija?
¿Quién, si no?
- Claro, mamá-contesté. A ella no le molestaba.
- Ven y sostén a Tyler un minuto-pidió.
Me apresuré a llegar hasta ellos, solo para enredar mis manos en esos rizos de caramelo que tanto amaba.
- ¡Al!-gritó al verme. 
- ¡Ty!-lo saludé.
Corté la distancia que nos separaba, de un salto y lo abracé con fuerza. Mi pequeño de cinco años, a quién amaba más que la vida misma. El mejor regalo de cumpleaños que me han hecho jamás.
Mamá dejó escapar un suspiro de alivio.
- Oh, hija, mis piernas te lo agradecen-dijo, sonriéndome.
Estaba muerta de hambre, pero no lo dije, porque sabía que mamá estaba cansada. Acababa de llegar del trabajo con Tyler, quizás una hora antes que yo, y tendría que irse, de nuevo con Tyler, en media hora. Él ya había comido, y no me dejaría comer a mí. Era muchísimo más fácil compartir con él y almorzar cuando ya se hubiesen ido.
Tyler jugaba con mi cabello, mientras lo sentaba en mis piernas. Pensé que quizás a él le gustaba tanto mi pelo, como a mí el suyo. O quizás, solo estaba aburrido. Reí un poco ante eso y los ojos verdes de mi padre-los mismos que tenía Tyler-, me miraron durante un segundo, luego volvieron a ser los juguetones ojos de mi hermano bebé.
- ¿Cómo ha estado tu día, Ty?-le pregunté.
- No me quejo-contestó, simplemente. 
Mi hermano era, quizás, la persona más madura que conocía, y que conocería jamás. Realmente dudaba que, al crecer, Tyler se volviera inmaduro de repente. Por si acaso, oraba a Dios cada día, pidiendo que eso no pasara.
- Ah...
- Bueno, hoy mami dijo que tendremos que irnos más temprano, pero ella debe estar durmiendo, por lo que creo que llegaremos más tarde-con eso, se encogió de hombros.
- ¿Sabes, Ty? ¿Has visto esa cosa, con ruedas, aparcada allá afuera, que luce igual al auto de mamá, pero de otro color, y que además es mía?
Tyler me miró como si estuviera loco, y quizás lo estaba. Pero eso no le daba el derecho, de todos modos. ¡Tenía cinco años!
- ¿Te refieres a tu auto?-preguntó en ese tono que me recordaba tanto a mí.
- Ese mismo-le dije- ¿Qué tal si le dices a mamá que me deje usarlo? Podría llevarte a esa guardería tuya que tanto te gusta. 
- ¿Por qué no lo haces tú?-preguntó con esa voz inocente-aunque no tanto-, que lo caracterizaba.
- Pues...porque ella te quiere más-terminé diciéndole.
- Eso no es cierto. No está bien mentir. Y yo no me meteré en problemas porque tú quieres evitarlo-me dejó helada. Y por eso es que la llamaba "su voz inocente-aunque no tanto-." Lo amaba de todas formas.
Saltó de mi regazo y corrió hasta la sala gritando "¡MAMÁAAAAA! ¡LLEGAREEMOS TAAAAARDEEEE!".
Casi podía ver a mi madre dando el salto de su vida, debido a los gritos de Tyler.
Reí por lo bajo y me levanté a buscar mi almuerzo. 
Por la ventana de la cocina podía ver a Tristan, haciendo una escena con su hermana, parecida a la que yo acababa de tener con Ty. Obviamente, Danika era más dulce que Tyler. Tristan estaba hablándole, y luego le hacía cosquillas. La niña reía a carcajadas. Cuando se liberó de su hermano, le rodeó el cuello con los brazos, y lo abrazó con fuerza. Tristan le acarició el cabello y luego le dio un beso en la mejilla.
Me pregunté si así lucía yo con Tyler, sabiendo al mismo tiempo que no había forma de que mi hermano y yo luciéramos igual de tiernos que ellos dos. Si, estaba conmovida con la escena, pero ¿Quién no lo estaría? Era la cosa más dulce que había visto en mi vida.


Coloqué mi comida dentro del microondas y lo puse a funcionar. Me pregunté si mi madre había ido a pedir el condimento en casa de los Valley.
El trabajo de mi madre, empezaba a las 9:00am, así que ella dejaba a Tyler en el preescolar, luego regresaba a casa, hacía el almuerzo, se alistaba y se iba a trabajar, hasta las 12:00m, que regresaba casa, para tener que irse, de nuevo, a la 1:30, hasta las 6:30pm.
Muchas veces iba yo a recoger a Tyler en la guardería-solo cuando mamá lo pedía-. Y otras, se iba a casa con alguno de sus amigos y ella lo pasaba recogiendo allá al salir del trabajo.
Nuestra vida no había sido precisamente fácil, desde que mi padre murió. El dinero no escaseaba pero tampoco éramos ricos. Nuestro mayor problema es el tiempo. A ella no le gusta contratar a servicios de limpieza, ni me deja conseguir un empleo, así que ella se parte el lomo por nuestra familia.
¿Lo bueno? Tenemos y siempre tendremos, a Dios de nuestro lado. Sabemos que no tenemos nada que temer, sabemos que estaremos bien. Lo sabemos a tal punto, que queremos decírselo a todas las demás familias, para que ellos, también, crean. Aunque no es fácil. No todo el mundo quiere escucharlo.


El microondas anunció que mi almuerzo estaba listo. Lo saqué y me senté en la barra de mármol que había en la cocina, a disfrutarlo. 


Mamá y Tyler se fueron unos minutos después. Disfrutaba esas horas de la tarde en que me quedaba sola. Podía hacer cualquier cosa, aunque, claro, usualmente decidía limpiar la casa un poco para mamá y arreglar la habitación de Tyler, que generalmente era un desastre de juguetes por todos lados. Pero no ese día. Estaba cansada y quería ver un poco la televisión.
Me recosté en el sofá de la sala, encendí el televisor,  y empecé a pasar los canales. No habían muchas cosas. Vi un poco de "One Tree Hill" y un poco de "Friends".
Cuando me cansé de ver televisión, me levanté y fuí hasta la cocina a lavar el plato en el que había comido.
Subí a mi habitación, leí un poco, llamé en "llamadas múltiples" a las chicas. Hablamos durante un rato, pero cuando ya se habían acabado los temas de conversación, colgamos. Christa y yo seguimos hablando durante un poco más, por mensajes de texto, hasta que su madre le pidió ayuda.
Mamá  y Tyler llegaron alrededor de las 6:30pm, la ayudé a preparar la cena, mientras Ty veía sus dibujos animados en la televisión. Comimos juntos, mientras Tyler nos contaba con emoción todo lo que había hecho durante el día. Tal parece que la guardería se convirtió en una selva, ¡Con indios y todo!
Al terminar, ayudé a mi madre con la limpieza de la cocina y después, me fui a dormir.
Estaba tan cansada que caí rendida inmediatamente, aunque no por mucho.


Algo se estrelló contra mi ventana, haciéndome saltar del espanto. En el suelo, vidrio y otra cosa. Me levanté con cuidado de no pisar los pedazos de mi ventana que estaban en el suelo. Verifiqué la hora 2:37am. Me incliné sobre los vidrios para ver el objeto causante de el agujero en mi ventana: una flecha.
Mamá siempre dice que debemos mostrar el amor de Dios a las personas y creo que tiene razón. Pero voy a matar a Tristan Valley. Y probablemente lo haría con la misma flecha que ahora yacía en mi piso.
Caminé con cuidado hasta la ventana, para gritarle a Valley todo lo que estaba pasando por mi cabeza, entonces. Estaba tan furiosa que podría haberle lanzado la flecha desde la ventana sin fallar.
Pero algo no andaba bien. Ya había alguien gritando cosas horribles en casa de los Valley. Y Tristan estaba afuera... ¿riendo? No...
Tristan estaba afuera, abrazando sus piernas, con el arco y las flechas a un lado. Y llorando. 

viernes, 19 de agosto de 2011

LHSTTA "4.- Tristan"


Al terminar la clase, Dylan me pidió que hablara con Christa para "descubrir" cosas sobre ella-o algo así-, mientras él iba y hablaba con Alexus. Una idea bastante mala, a mi parecer, pero decidí ayudarlo de todas formas. Al menos, eso alargaría el plazo de llegada a mi siguiente clase. 
Cuando llamé a Christa para hablarle, Dylan salió corriendo para alcanzar a Alexus. Bueno, eso es lo que él dice.
Lo observé alejarse y reí por lo bajo, cuando estaba seguro de que no podía verme.
- ¿Qué pasa?-me preguntó Christa, caminando hacia mí.
- Bueno...-no había pensado en esa parte-. ¿Sabes cuando la profesora nos llamó la atención a Dylan y a mí?-Christa asintió-. Bueno, tú te sientas más cerca de la profesora que nosotros. Mucho más cerca. Muchísimo. Casi estás sentada a su lado, y por poco, nosotros, fuera del salón. Y me preguntaba si habías escuchado algo más...sabes, para estar preparados...
Christa pareció pensarlo durante un minuto, o quizás solo estaba pensando en lo estúpida que era la pregunta, mientras yo ideaba mil maneras de asesinar a Dylan. Veneno de rata en su comida iba a ser demasiado fácil y aburrido. ¿Qué más...?
- Ummm...pues, creo que ella no dijo nada sobre ustedes. Y ya que al quedarme aquí contigo, Dylan salió corriendo a buscar a Alexus, estoy asumiendo que me llamaste para que ellos pudiesen estar solos mientras Dylan la invita a salir, ¿no?-Eh...no-. Vamos, Tristan. No creo que seas tan tonto, o que la opinión de la señorita Bates te importe tanto, como para preguntar eso. 
Atrapado. Diablos.
- Bueno...-dije, soltando todo el aire que había estado aguantando durante los últimos segundos- ¡Tienes razón! Digo, sobre la profesora, no sobre Dylan. Él no está invitándola a salir. A Alexus, quiero decir, no a la profesora...-¿Qué me pasaba?-. Pero, ¿Cómo te sentirías, si así fuese?
¿Qué?
- Pues, yo que tú, le diría a tu amigo que no se emocione, porque Alexus jamás saldría con él, como que me llamo Christa Isabel James. 
- ¿Por qué?-inquirí, no teniendo idea de lo que estaba haciendo y deseando que Dylan se apartara de Alexus y trajera su trasero de vuelta al salón de una buena vez. 
- ¡Pues, porque es Alexus! Él podría hablar con Farrah y con Bella y ellas estarían encantadas con la idea. Pero no mi Lexy. Ella, jamás.
Su Lexy. Reprimí una carcajada, por pura cortesía hacia Christa, que en realidad era una muy buena persona. No era de buena educación reírse de los mejores amigos de la gente. A mí no me gustaría que se rieran de Dylan, a menos que lo hiciera yo-sí, para una persona que vive un infierno en casa, soy bastante bromista. Esto es lo que digo: si mi casa es un infierno, lo mejor que puedo hacer, es hacer un cielo de todos los demás lugares-. 
- Genial-contesté-. Hablemos de Alexus mientras llega Dylan.
- ¿Qué?-su rostro era un signo de interrogación, que de pronto se iluminó como esos bombillos que le aparecen a uno sobre la cabeza cuando tiene una idea-. ¡A ti te gusta Alexus!
Traté, en serio. De verdad, traté, pero no pude reprimir la carcajada monumental que aquello me provocó. La sola idea era una locura, el mero pensamiento de aquello era un completo chiste, la más retorcida de todas las ideas, sobretodo porque ella no me soportaba y el sentimiento era más o menos mutuo.
- ¿Estás loca?-me arrepentí de aquello inmediatamente. No se ofende a la chica que le gusta a tu mejor amigo-. Quiero decir, no. No. NO. 
- Entonces, por qué querrías hablar sobre Lexy-me interrogó. Pero yo no "quería" hablar sobre Alexus, era únicamente para cumplir con lo que Dylan me había pedido. 
- Por nada. Oye, ya que tiene cero chances con Alexus, ¿tiene alguno contigo?-listo. Directo.
Christa enarcó las cejas, y de inmediato supe la respuesta: "no". Estaba escrito por todo su rostro, y solo deseaba no tener que ser yo quién se lo diría a Dylan. Estaba por rogarle a Christa que me pidiera guardar el secreto. Es difícil querer conservar a los amigos, en especial en esta situación.
- No de esa forma-fue su respuesta. Mucho más de lo que esperaba-. Y créeme, si "esto" es lo que está haciendo Dylan por ti, con Alexus, no va a funcionar, tampoco.
- ¡Qué no me gusta Alexus!-exclamé, exasperado-. Apuesto que cuando está con ustedes me destruye. Me destruye, sin piedad.
- Bueno, no puedo decir que eso no sea verdad.
- ¡Ja!-bien, eso sonó un poco demasiado estúpido-. Lo sabía. Es que ella es mimada, infantil y tan molesta y fastidiosamente sarcástica, que quisiera arrojarle algo, cualquier cosa. Por favor, no se lo digas, o mi casa podría amanecer incendiada. Sí, por ella.
- ¡Es mi mejor amiga!-casi gritó, indignada-. Lexy es una de las personas mas nobles y leales del mundo. Tiene un corazón realmente grande y hermoso. Ella no es mimada. Todo lo contrario, ella y su madre viven solas, con el pequeño Tyler desde que su padre murió hace tres años. Y, para tu información, ella es una de las personas más maduras que conozco. Se nota que solo han hablado un par de veces, porque no sabes nada de Alexus. Sí, es sarcástica, pero eso solo forma parte de ese humor ligeramente oscuro que la caracteriza. Es una excelente persona, y además, es como mi hermana. No te permito que hables así de ella. 
- Pues, yo no visto ese lado de ella. Lo siento, por haberte ofendido-Christa enarcó las cejas, claramente insatisfecha con mis disculpas-. Y por haber ofendido a Alexus, también.
Entonces, sonrió. Puede que esa haya sido la transición de emociones más extraña que mis ojos hayan visto. Un minuto estaba molesta y al siguiente, sonriendo como si nada. 
- Así está mejor-me concedió-. Ojalá puedas verlo algún día. Ella realmente es una buena persona y creo que ustedes dos se llevarían bien. Además, son vecinos. 
- Eso no quiere decir nada-repliqué-. Llevamos siendo vecinos seis meses, y no nos hablamos. No creo que algo vaya a cambiar en otros seis más. 
Christa sonrió con tristeza o con resignación. 
- ¿Sabes? Eres bastante amable. ¿Cómo es que solo tienes a Dylan como amigo?-auch.
Me encogí de hombros, no teniendo idea de qué responder o si debía hacerlo en lo absoluto. 
Como dije antes, Christa es una excelente persona y en ese momento, no había hecho más que darle voz a sus pensamientos. Sabía que no me había dado en la llaga a propósito. 
- Supongo que porque mi amabilidad es uno de mis más profundos secretos-puse un dedo sobre mis labios, como indicándole que no dijera nada. Ella sonrió-. O algo así podría decirse.
Christa me miró entonces de una manera extraña, como si en ese segundo pudiese ver más de mi que cualquier otra persona, como si me estuviese conociendo a fondo, y eso me espantó. Luego, sonrió.
- Sé que lo dices en broma-dijo, aún sonriendo-, pero eso es exactamente lo que pasa: tu amabilidad es uno de tus más profundos secretos. Uno de ellos. De todas formas, me alegra que lo hayas compartido conmigo. 
Le sonreí, o traté de hacerlo, porque las palabras no encontraron manera de salir. Entonces, gracias a Dios, llegó Dylan.
- ¡Oye, amigo!-gritando, como siempre-. Dice Lexy que le devuelvas a su amiga. 
Christa lo fulminó con la mirada. En broma, por supuesto.
- Solo yo le llamó así-aclaró. Y, a pesar de que sabía que estaba bromeando, sonó como la cosa más seria del mundo-. ¿Entendido?
Nos miraba a los dos, y casi podía estar seguro de que Dylan estaba temblando.
- Oye, amigo...-empezó-, Alex dice que le devuelvas a su amiga...¿Mejor?
Christa sonrió y la expresión perdida de Dylan no fue normal.
- Mejor-declaró.
hablamos durante un poco más, hasta que Christa decidió hacer caso al llamado de Alexus.
Dylan gritó una despedida, teniendo cuidado de no llamar "Lexy" a Alexus, recordando la advertencia de antes. 
Ante mis ojos tenía a un romántico en toda su expresión. Y, aunque a muchos les parecería interesantísimo y pasarían la vida entera molestándolo sobre eso-admito que sí me había aprovechado un poco de eso último-, a mí me parecía la cosa más triste del mundo.
- Alexus me dijo que no haga nada-soltó Dylan, de pronto-. Ella cree que no estoy enamorado porque "no la conozco". Bien. Porque no la conozco bien.
Y esa es la razón por la que me parece lo más triste del mundo. No la idea de Dylan "enamorado" de una persona que no conoce. Más bien, la idea del 95% de la juventud "enamorada" de personas que no conocen, ya sea porque, como Dylan, los han visto de lejos, o por la red, o por la razón que sea. Es la pérdida de tiempo más grande que haya visto jamás: estar con una persona, solo porque te llama la atención, luego dejarla porque otro te llama la atención y así sucesivamente. Yo solo digo. Después preguntan por qué estamos cómo estamos. 
Sé que no es la cosa más normal para decir por un chico de 18 años, pero entiendan, no es como si mi vida fuese realmente normal, de todos modos. 
Hay una cosa cierta: una vida diferente-por muy "mala" que sea-, te enseña a ver el mundo de forma diferente.

martes, 16 de agosto de 2011

LHSTTA "3.- Alexus"

Tristan le dio tal empujón a Dylan que casi se estrella la cabeza contra la ventana. La profesora les llamó la atención y ellos llamaron la atención de todos. En ese momento me sentí increíblemente agradecida de que la persona a mi lado fuese Christa y no Farrah. No quería escuchar nada sobre Tristan o Dylan. Menos sobre sus atributos físicos.
Al salir de clases, Tristan llamó a Christa desde el salón, y Dylan me abordó a mí, afuera. Como si el día no estuviese resultando lo suficientemente raro sin necesidad de que ellos hicieran algo completamente fuera de lo rutinario.
- Hola, Alex-casi cantó. El tono que utilizó me resultó tan molesto que quise darle un puñetazo. Tranquilos, me resistí-. ¿Cómo estás?
- Bien...-contesté, alargando la palabra unos cuantos segundos, dejando mi desconcierto completamente claro-. Y es Alexus.
- Oh, no seas así, Lexy. Alex.
"No lo golpees, Alexus. No lo golpees" pensé.
- En todo caso, ya que no me preguntas cómo estoy yo-cierto, no lo hice. Dylan inhaló tan profundamente, que estuve a punto de gritar "exhala"-. ¿Hay alguna posibilidad de que yo invite a salir a Christa y ella acepte?
- No-contesté sin pensarlo dos veces.
- Debes saber que mis intensiones son buenas, y...-continuó. 
- No-lo corté, y empecé a alejarme de él tan rápido como me fue posible. 
Estaba esperando, realmente estaba esperando, con todo mi corazón que Dylan me dejara ir en paz, que no llamara la atención de la gente gritando algo a mis espaldas y en especial que no me siguiera. 
- ¡No, espera!-Rayos. Con eso, empezó a caminar detrás de mi igual, sino más rápido que yo-. ¡Yo la amo!
Me detuve en seco tan de pronto que Dylan chocó conmigo. ¿Había escuchado bien?
- No hablas en serio-traté de reprimir una carcajada. Tuve más o menos éxito.
- ¿Por qué?-preguntó él, con tono inocente. Casi humillado.
- Pues, porque ni siquiera la conoces-contesté y me sorprendió cuánto soné a mi madre.
Unas chicas que estaba cerca de nosotros, nos miraron y rieron. No podía creer que en realidad estaba manteniendo esa conversación con esa persona.
- Eso no tiene nada que ver con el amor-replicó Dylan, segurísimo de que lo que estaba diciendo era lo correcto. De que no estaba totalmente equivocado y de que probablemente no iba a quedarse solo toda su vida por esa simple afirmación.
Le dediqué una mirada de "lo que acabas de decir no tiene sentido", di media vuelta y caminé, alejándome de él.
Me pregunté qué pobre excusa le estaba dando Tristan a mi mejor amiga para haberla llamado. 


Esta es la cuestión con Christa: ella siempre ve lo mejor de las personas. Es como si no pudiese encontrarles un solo defecto, como si fuese incapaz. Y, al igual que yo, Christa es cristiana, por eso sé que no saldría con Dylan. Lo sé, suena a la cosa más trivial del mundo, pero es cierto. Así somos Christa y yo, y así no son Farrah y Bella.
Nosotras fuimos algo así como una fusión de grupos: Christa y yo-amigas desde siempre-, y Farrah y Bella-amigas desde siempre-. Ahora somos las cuatro y la pasamos genial juntas, pero siempre seremos Christa y yo, con Farrah y Bella. Nunca, "Christa, Farrah, Bella y yo". Hemos sido las cuatro por mucho tiempo, pero nunca juntas, juntas. Hay cosas que Christa sabe de mi, que las otras dos no, al igual que hay cosas que nosotras no sabemos de ellas y todas estamos de acuerdo con eso. Creo que todas lo hemos sabido desde el principio. 


Cuando ya había caminado un poco más de la mitad del tramo que había desde el salón a la cafetería, decidí que debía ser buena amiga-la mejor de las amigas en realidad, porque la distancia era considerablemente larga-, y regresar a buscarla o, al menos, a esperarla.
De lejos, divisé a Dylan sentado en una de las jardineras que estaba a los laterales del salón, con la cabeza gacha dejando escapar suspiro tras suspiro. ¿Era eso mi culpa? Se veía como lo más ridículo del mundo: un chico-¡un chico!-, suspirando como un lunático por mi mejor amiga, a quien ni siquiera conocía, porque estaba "enamorado2 de ella. En serio.
Dylan alzó la vista mientras me acercaba, y arrancó una de las pequeñas flores azules que habían en la jardinera. Su semblante era triste y me odié por tener parte de la responsabilidad. Sin embargo, me seguía pareciendo lo más ridículo del mundo. No se lo dije, por supuesto.
- Te suspenderán si te atrapan haciendo eso. ¿Tienes idea de lo que costó hacer crecer esas diminutas florecillas azules, allí?
Me senté a su lado. Al menos no se movió. No fue tan grave el daño. Creo.
- Seh-contestó-. Yo fui parte del comité, así que me siento en mi derecho-se encogió de hombros y arrancó otras-. Cada una de ellas son un poquito de mi tiempo y dedicación. En cierta forma, son como mías.
- No son tuyas, son de la escuela-repliqué-. Y si te atrapan arrancándolas, te suspenderán, ya te lo dije. ¿Qué haces aquí, de todas formas?
- Sí, son mías. Punto final-contraatacó-. Y estoy esperando a Tristan, que sigue hablando con Christa. Espero que no esté tratando de quitármela. Se supone que somos amigos.
Reprimí una carcajada. Tristan no era el tipo de chico que buscaba novia. Eso se lo reconozco: es bastante centrado. No quiero decir que sea "raro". Estoy 100% segura de que no lo es. Él solo no parece tener mucho interés por esas cosas. Más o menos como Christa y como yo.
Sin embargo, le dejé a Dylan bien claro que Christa no era un objeto que se puede "quitar" o "robar" o "ganar". Yo odiaba-odio-, cuando se referían a las mujeres de esa forma, como accesorios, y fácilmente podría haberle dado un buen golpe a cada chico a quién escuché hablar así, si tan solo las peleas fueran un poco más mi fuerte. Gracias a Dios no lo eran o ellos-y yo-, estarían en problemas. 
- Lamento lo que te dije hace rato-terminé diciendo. 
- ¿En serio?-inquirió Dylan.
Lo pensé bien: no.
- Bueno, no exactamente-Dylan rió con amargura-. No lamento lo que "dije", porque aún creo que es cierto. Lamento la forman tan poco sutil en la que lo dije. Realmente debí haber sido más amable al respecto. Y no es que tú y yo seamos los mejores amigos, pero creo que es correcto decir que lo siento. 
- No te preocupes. Lo merecía-contestó él.
Abrí los ojos como platos.
- ¿En serio?-no cabía de la incredulidad.
Dylan suspiró ruidosamente. 
- No-dijo al fin-. Fuiste dura. Yo solo era un pobre chico que cree estar enamorado de tu mejor amiga. Ahora soy un pobre que cree estar enamorado y que recibió diez mil gritos de una loca debido a ello.
No pude evitar reir.
- Esta loca es la mejor amiga de Christa, no olvides eso-le advertí. Él sonrió-. Pero, en serio. Te aconsejo que no hagas nada. Nada de nada. Cero. ¿Entiendes?
- Entiendo-contestó asintiendo.
Dylan se levantó y se detuvo frente a mí.
- Tú y Tristan se llevaría bien si se hablaran. Son vecinos, ¿no?-asentí-. Sí, se llevarían bien.
- Si, bueno...ve a decirle que me devuelva a mi amiga. 
Y con eso se fue.
Me quedé en la jardinera esperando a Christa y pensando en lo que había dicho Dylan sobre Tristan y yo. En el desastre monumental que sería eso. Especialmente, para Farrah. Para Farrah y para Bella. Una amistad con mi grosero vecino no me convenía. 
Christa salió riendo, se despidió y luego caminó hacia mí. 
Cuando finalmente me miró, estaba sonriendo. Mucho. Me dio miedo.
- Ellos son geniales-dijo, por fin-. En especial, Tristan. Dylan es muchísimo más callado. Pero ambos son geniales. Y Tristan no es para nada grosero. Al contrario, es muy amable. ¿Sabías que practica arquería?
- Sí, estaba al tanto. Como que vivimos al lado, ¿sabes?
- Wow. ¿Qué te molesta tanto?-preguntó Christa, haciendo desaparecer todo rastro de sonrisa alguna.
Ella tenía razón. Yo estaba molesta. Mucho. Me molestaba escuchar que estaba equivocada sobre él. O que Christa lo creyera, solo porque se comportó amable con ella, por, ¿Qué? ¿20 minutos? Admito, también, que me molestaba que acaparara la atención de mi mejor amiga. Si habláramos, le reclamaría. Pero no lo haré, porque él y yo no hablamos. 
- Nada. Solo que yo te esperé sola aquí y me devolví a buscarte. Y tú te quedaste con Valley, allá.
- Lexy, en serio. Él es muy amable. Le dije que se llevarían bien, porque eso de que son vecinos y todo. 
- Dylan me dijo lo mismo. Rayos. En  todo caso, eso que dije es lo único que me molesta. Ahora solo quiero encontrar a Farrah y Bella, ver el resto de las clases e irme a casa. 
- Lexy...
- No importa, Christa. Está bien. Te agrada Tristan, es amable. Lo que sea.
En ese momento deseé con todo mi corazón no llegar a tratar a mi vecino nunca, porque de hacerlo, iba a tener que tragarme mis palabras, y no iban a tener buen sabor, de eso estaba segura.